El sindrome del consultor

Algunos de mis mejores amigos son consultores.

Y en mi experiencia, los consultores son de los tipos más enredados que hay, junto con los psicólogos y los contadores.

Aunque hay excepciones (siempre las hay), el consultor promedio está enamorado de sus opiniones y de su forma de ver la vida.

A esos manes les cuesta un mundo imaginar que ellos pueden hacer las cosas de otra manera.

Pueden reconocer que haya mejores formas de hacerlo…

Pero para ellos es una agonía tratar de implementarlo en sus propias vidas.

Mientras más han estudiado y mientras más ejecutivas sean sus amistades, se vuelve peor.

(Ya puedo oler los emails de mis lobitos consultores con todo tipo de apologética tratando de rebatir mi sabiduría)

Pero no hay apologética que valga esta vez, lobito.

Si eres culpable, o cambias tus malos caminos o aceptas tu condena.

La rigidez es buena únicamente en una parte del cuerpo durante cierto tipo de actividades.

La rigidez de la mente solo trae problemas.

Sé humilde y date cuenta que ser tan clavado en cosas sin importancia solo ahuyenta a quienes desean lo mejor para ti, retrasan tus planes y hace que te pierdas de muchas cosas buenas de la vida.

Muchos no-consultores también están afectados por el síndrome del consultor.

Recuerdo que una señora indignada porque el titular de una tarjeta que hice llevaba la primera letra de cada palabra en mayúsculas dijo “Eso es un insulto a la inteligencia y una falta de respeto a los lectores”.

(Por supuesto, esa fue la última vez que tuve contacto con ella)

La espada de samurai cumplió su cometido una vez más ya que ese tipo de personas no cabe en mi mundo.

Supongo que si ya llegaste a tu vida soñada y ya no tienes nada extra por cumplir, puedes ignorar por completo este mensaje.

Caso contrario, quedas advertido

Erick Monzon