La perla olvidada del viejo Zig

Varias lunas atrás, un mucho más joven Erick Monzón se encontraba en un almacén buscando algún libro para pulir sus entonces muy precarias habilidades en ventas.

Y ahí, semi-escondido, se encontraba el desgraciado.

Era un casi-destartalado libro rasgado de la pasta, manchado en su interior.. cansado de pasar incesantemente de mano en mano esperando que alguien lo apreciara lo suficiente para ser su dueño definitivo.

“Grandes Secretos de Zig Ziglar para cerrar la venta” se llamaba el bastardo.

Yo le había escuchado mencionar el nombre de Zig a Dan Kennedy, así que lo tomé y lo compré. Y como cosa rara, lo leí hasta el final.

Reconozco que algunos ejemplos del libro pueden sentirse muy old-fashion para los estándares actuales.

Pero en ese momento en mi vida, ese libro fue como maná caído del cielo.

El libro me costó $8. Una infamia considerando el estado del libro.

Pero menos de un mes después de comprarlo, utilicé una de sus técnicas pasadas-de-moda para vender un terreno. Mi comisión fue de $2,500. Considero que no es un mal ROI, ¿no crees?

Lo mejor de todo fue lo que hice con el dinero de mi comisión.

Utilicé el 100% de mis $2,500 para comprar y devorar todo lo que pude encontrar de Zig.

Obsesivo-compulsivo al fin y al cabo.

Una decisión sabia. Lástima que mi novia de la época no lo considerase igual. En fin… ¿qué sabe el tunco de astronomía si nunca mira para el cielo?

Zig era una de esas personas que tenía un carisma muy especial.

Era algo así como el viejo abuelo que hubieras querido tener.

Zig dijo cosas muy interesantes en su vida. Muchas de ellas han sido repetidas hasta la saciedad por gu-gurús, guanabís y losers. Supongo que eso es inevitable.

Pero en mi humilde (pero correcta) opinión, hay una lección de Zig que ha pasado casi desapercibida. Debe ser porque la gente tiende a despreciar las cosas muy sencillas. La lección es:

“No puedes darle a un blanco que no tienes”

Simple. Y poderoso.

Si me dieran una moneda por cada persona que me dice que quiere alcanzar el éxito, ya tendría totalmente asegurada la educación universitaria de Dante.

Pero si tuviera que regresar la moneda si la misma persona no tuviera una respuesta clara al preguntarles ¿qué significa el éxito para tí?, vería mis monedas desaparecer tan rápido como cigarros en una reunión de AA.

Me quedarían unos $3 de ganancia. Máximo.

No subestimes el poder que esas palabras pueden tener en tu negocio.

Sé que quieres más dinero. Pero… ¿exactamente cuánto dinero quieres?

¿En cuanto tiempo?

¿Cuańtos nuevos clientes necesitas?

¿Cómo los vas a conseguir?

¿Qué necesitan saber de ti antes de darte su dinero?

¿En qué forma estás trabajando ese mensaje?

No pensar en esas cosas es tratar de darle a un blanco que no tienes.

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 Erick Monzon

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